Jack Coe, "El hombre de la fe temeraria"


 Jack Coe fue un gran evangelista usado por Dios en sanidad. También fue una figura de “padre” amoroso y compasivo para los huérfanos de su hogar de niños. Fue considerado un evangelista radical porque, junto con otros, hizo mucho para combatir los prejuicios raciales en la iglesia. Jack Coe nació el 11 de marzo de 1918, en Oklahoma. Su padre tenía el mal hábito de jugar y beber. Cuando Jack tenía cinco años de edad, su padre lo abandonó al perder los muebles y aun la casa por deudas del juego.


Su madre, Blanche, se mudó con sus hijos a Pensilvania, donde trató de darles una vida decente. Vivían en un sótano. Mientras la hermana mayor cuidaba de los niños, su madre trabajaba de lavandera durante el día y asistía a la escuela de enfermería por la noche.

La voz de Dios
Para cuando Coe tenía nueve años, su madre se sentía abrumada por la responsabilidad de cuidar ella sola a sus hijos. Entonces llevó a Coe y a su hermano a una casa muy grande. Después de hablar con las personas que vivían allí y despedirse de sus hijos, se alejó; dejó al pequeño Coe y a su hermano en los escalones de entrada de un orfanato. Jack permaneció allí ocho años. Durante este tiempo, sabía muy poco sobre Dios. Cuando cumplió diecisiete años, comenzó a beber y andar de juerga, y al poco tiempo se había convertido en un alcohólico como su padre.

Una noche volvió a su casa nuevamente envuelto en el sopor del alcohol. Intentó dormir, pero no lo logró. Entonces, al buscar un vaso de whisky, escuchó que alguien estaba con él en el cuarto. Sorprendido, notó que su corazón le molestaba. Comenzaba a latir, y luego se detenía. Entonces escuchó una voz: “Esta es tu última oportunidad”, le dijo la voz. “Te he llamado varias veces, y esta es la última”.Ante estas palabras, saltó de su cama y cayó de rodillas, llorando: “Oh, Dios, dame hasta el domingo. Si me das tiempo hasta el domingo, arreglaré mis cuentas contigo”.

“¡Caracoles, lo tengo!”
Llegó el domingo, y Coe no tenía idea de adónde ir. Así que fue a su oficina para buscar en la guía telefónica. Tomó el grueso libro y lo dejó caer, y al abrir los ojos, vio el nombre y la dirección de una iglesia nazarena y fue para allá. Después del sermón, cuando el pastor preguntó si alguien quería ir al cielo, y dijo: “Tenemos para usted una experiencia en la que puede nacer de nuevo”, Coe corrió hacia el altar, mientras gritaba: “¡Eso es lo que yo quiero! ¡Eso es lo que yo quiero!” Una pequeña señora de cabello gris oró con él. Entonces, repentinamente, sintió algo que nunca antes había sentido. Dado que no conocía la “jerga cristiana”, comenzó a correr por toda la iglesia y gritaba: “¡Caracoles, lo tengo! ¡Caracoles, lo tengo!” Regresó a su casa a las 04:00 de la madrugada. Se había quedado en la iglesia todo ese tiempo, orando y alabando a Dios.

“¿Qué te han hecho?”
Durante los seis meses siguientes, Jack Coe fue un hombre “hambriento”. Iba a la iglesia todas las noches y allí se quedaba hasta la madrugada. Devoraba la Biblia, y muchas veces se imaginaba ocupando el lugar de ciertos personajes bíblicos. Su madre, a través de su testimonio también encontró al Señor.

Después de un año y medio de ser salvo, Jack se encontró con una iglesia pentecostal donde recibió el bautismo en el Espíritu Santo. Lo único que pudo hacer durante los tres días siguientes, fue hablar en lenguas. Para hacerse entender en inglés, tenía que escribir en un papel.

Instituto Bíblico, Juanita y el ejército
Desde 1939 a 1940, Coe asistió al Instituto Bíblico Southwestern, de las Asambleas de Dios. P. C. Nelson era presidente del Instituto en ese momento. Mientras estudiaba allí, Coe conoció a una joven llamada Juanita Scott. Después de algunos años, se casaron. Durante este tiempo, también comenzó a orar y pedir entendimiento con relación a la sanidad divina.

Su hermana tenía neumonía doble y los médicos habían dado por perdidas todas las esperanzas. Coe fue inmediatamente a verla. Cuando entró a la habitación en el hospital, supo que después de una serie de críticos eventos totalmente fuera de lo común, Dios había sanado a su hermana… a último momento.

En 1945, fue a Texas, donde estudió y oró continuamente por el tema de la sanidad divina. Pidió a Dios una manifestación especial de su poder, y luego decidió anunciar una reunión de sanidad. “Dios va a abrir los ojos de los ciegos esta noche, y hará que los cojos caminen y los sordos oigan. Lo hará aquí, en esta iglesia, mañana por la noche”, fue su osada confesión de fe. La noche siguiente, la iglesia estaba atestada de gente. Después que predicó, la gente formó una fila. Las enfermedades no parecían gran cosa. Algunos dolores de estómago, de cabeza, dolencias menores. Pero entonces Coe levantó la vista y vio… a una mujer ciega. “Oh, Señor, ¿qué voy a hacer con ella?”, pensó. Después de esquivarla, oró y ungió a la mujer con aceite. Sus ojos se abrieron y la mujer comenzó a gritar: “¡Puedo ver! ¡Puedo ver!”

El hombre y el ministro

Su fe era “temeraria y desafiante”, pero a la gente que era sanada, esto no parecía molestarle en absoluto. También fue el primer evangelista que atrajo y recibió a grandes cantidades de personas de la comunidad negra en sus reuniones. Predicaba en forma directa y brusca, y llamaba a las cosas por su nombre.

El niño con pecas
Una noche, en Lubbock, Texas, durante una reunión, un niño pecoso se acercó al evangelista. Abrazado a sus piernas, el niño dijo: “Por favor, ministro, déjame ir a casa contigo”. Entonces, una mujer lo apartó, mientras Coe se quedaba mirando. Pero la impresión causada por ese niño permaneció en él toda la noche. Al día siguiente, lo buscó, pero no pudo encontrarlo. Coe siempre había sentido que algún día abriría un hogar para otros niños sin hogar, como él lo había sido. Un día se decidió y le preguntó a su esposa: “Querida, ¿qué dirías si te dijera que Dios me ha estado hablando de abrir un hogar para niños?” Económicamente, parecía imposible. Pero Juanita dijo: “Siempre pensé que debería trabajar en un hogar de niños, así que quizá sea este el momento. ¡Adelante, obedezcamos a Dios!”

De a poco y en paz
En obediencia, los Coe dieron un anticipo por un pequeño lote en Dallas, y continuaron con sus cruzadas de sanidad. En cada campaña, informaba a la gente de sus planes de construir un hogar para niños, y pronto comenzó a recibir donaciones de madera y materiales. Los Coe pusieron en venta su propio hogar, que se vendió en solo una semana. Entonces se mudaron a una parte del hogar de niños que aún estaba en construcción, y vivieron allí hasta que estuvo terminado. Poco a poco, Dios fue proveyendo los recursos para el hogar de niños. La gente les donó cortinas, mantas y ropas, y poco después, pudieron tener su inauguración. El hogar estaba listo, y comenzaron a recibir niños.

Un moderno diluvio
Coe también estaba presente cuando se produjo la inundación más grande de la historia de los Estados Unidos, en la ciudad de Kansas. Antes de llegar a la ciudad, soñó con una gran inundación que cubría todo. Pero esto no lo detuvo: levantó una gran carpa. Dios hablaba de juicio en las reuniones, por medio del don de profecía, pero la mayoría de la gente ignoraba las advertencias. Algunos de ellos, riendo y burlándose, abandonaban las reuniones. Llovía todas las noches, y mientras miles de personas respondían al llamado evangelístico, la tierra quedaba empapada. Pero Coe continuaba sintiéndose algo inquieto en espíritu. Durante dos noches no pudo dormir y decidió sacar la carpa.

Mientras se dirigía a desmontar la gran carpa, la gente comenzó a cuestionar sus motivos. “¿Qué está haciendo?” “¿No habrá culto esta noche?” “No creo que haya nada de qué preocuparse.” “Lo máximo que podría hacer el agua si el río subiera, sería mojar las sillas.” “No hay peligro de que el agua rebase los diques.” “No deje que el diablo lo detenga.” Pero Dios le había hablado claramente a Coe: “Saca la carpa de aquí”.

Pero para las 19:30, el equipo no había hecho grandes progresos, así que Coe los organizó, urgiéndolos para que se apresuraran. Estaban aprestándose para bajar la parte del techo, cuando otro ministro se acercó y le dijo: “No levantes la carpa. Dios puede cuidarla”. A esto, Coe respondió: “Sé que Dios puede cuidar de ella, y por eso es que la estoy levantando. Dios me dijo que la quitara, y voy a quitarla”. Finalmente, tres horas después, mientras sacaban la última estaca, el arrancador se trabó y no pudieron moverlo ni un solo centímetro más.

En ese mismo momento, todos los silbatos y las sirenas de la ciudad comenzaron a sonar a todo volumen. Y llegó el aviso: “¡Los diques se están rompiendo!” Cuarenta hombres comenzaron a trabajar con Coe para cargar la lona. Cuando terminaron, salieron rápidamente de la ciudad. Después de haber hecho todo lo posible, y mientras cruzaban el puente hacia un lugar seguro, y al mirar atrás, Coe vio que en el lugar donde había estado la carpa, el nivel del agua era de aproximadamente seis metros. La carpa habría quedado completamente destruida.

Nueva iglesia, nuevo hogar, nuevo entendimiento
Coe construyó un “hogar de fe”. Allí se permitiría estar a los enfermos hasta que recibieran su sanidad. Diariamente habría oración y clases sobre sanidad. Lo abrió al lado de su “Hogar de Niños Heraldo de Sanidad”, en el verano de 1954.
En julio de ese año, tuvo la campaña en carpa más grande de la historia de su ministerio. Había llevado la “Carpa Grande” a Pittsburgh, Pensilvania, donde se estima que nacieron de nuevo 30.000 personas. Una noche se dedicó solamente a los “casos de camillas”. Más del 75% de quienes llegaron en camilla se levantaron y caminaron. Una estación de televisión local transmitía las reuniones, lo que atraía aún más gente.

Sin embargo, esta campaña de un mes de duración fue la última del ministerio de Coe. En enero de 1954, abrió la nueva Iglesia Centro Evangelístico de Dallas. Era un edificio sencillo y bello, con una enorme cruz blanca que brillaba en el frente. En el Centro se realizaban reuniones todas las noches. Un autobús recogía a quienes no tenían otra forma de llegar, y una ambulancia estaba lista para trasladar a cualquier persona que deseara venir de un hospital, o de su hogar, para recibir oración.

Una muerte temprana
En diciembre, mientras predicaba en Hot Springs, Arkansas, el evangelista de la sanidad cayó gravemente enfermo. Era un hecho sabido que Coe había descuidado terriblemente su propia salud. Tenía un programa de actividades tremendamente riguroso, con tres reuniones por día, durante tres a seis semanas por campaña. El exceso de trabajo, el estrés y la falta del reposo necesario pronto se hicieron sentir. Debido a los desgastes excesivos a que sometía su cuerpo, se dice que su organismo era el de un hombre de noventa años.

Al principio, Coe pensó que estaba sufriendo de agotamiento, pero pronto llegó el diagnóstico: polio. Su esposa quiso que lo internaran en un hospital, y Coe accedió para dejarla tranquila. En el hospital, permaneció inconsciente la mayor parte del tiempo. Hubo muy pocos momentos en que pudo recobrar la capacidad de hablar y hacer conocer sus deseos. Según su esposa, el Señor habló a Coe y le dijo que se lo llevaría a su Casa. A principios de 1957, Jack Coe fue a estar con el Señor. Su ministerio, simplemente, había sido cumplido.

Deja al pasado en el pasado
Una de las características más importantes de Coe fue que nunca permitió que su pasado lo detuviera. Su pasado podría haber influido en su actitud, pero nunca lo detuvo ni lo obligó a retirarse.

¡Pero era un hombre dispuesto a hacer algo con ese anhelo que había en su corazón! Estaba decidido a tomar control de esa vida que lo había puesto en una terrible desventaja, en lugar de permitir que continuara controlándolo

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