Débora una gran mujer


Desde el siglo pasado las mujeres viene siendo noticias, tanto en lo político, cultural, social espiritual, etc.

Chile de ninguna manera esta ajeno a estos fenómenos, fuimos el primer país americano que tiene una presidenta.
Algunos historiadores están convencidos, de que los hechos más importantes del siglo pasado no fueron las guerras mundiales que se han vivido, sino la mujer en si. 
Dato curioso, las mujeres tenían mas protagonismo, durante la época de la colonia, que ha principio de la republica.
En el siglo XIX, se inicia un importante movimiento, de carácter feminista, con el objeto de igualar los derechos de la mujer al de los hombres, en todas las esferas.


Se levantan destacadas mujeres como: Abigail Adams, Susan B. Anthony y Lucerita Mott, en EEUU, se convierten en aguerridas dirigentes, que lucharon en la llamada “Guerra de los Cien años para la Determinación de la Mujer” entre otras muchas causas. Esta lucha toco por así decirlo, a su fin con la guerra de 1914, después de la cual hizo su aparición la nueva mujer, demostrando tener los mismos derechos que el hombre en casi todos los campos.
 Nada nuevo bajo el sol solo basta abrir nuestras Biblias en Jueces 4 y 5 para encontrarnos con la historia de Débora.
 Desde alrededor del año 1350 a.C. asta que Saúl fue ungido rey, cerca del año 1050 a.C. Israel fue acaudillado por jueces que Dios nombraba. Los sucesos del periodo de los jueces se registran en los libros de los jueces, Rut y la primera parte de Samuel.
 Débora es la única mujer que ocupó el puesto de Juez de Israel. En esos tiempos el Juez era el líder del país, tanto en el sentido espiritual, como en el político, el judicial y en muchos casos, también el militar. Se podría decir que el Juez cumplía la función de rey aunque de derecho no lo era. 
¿Beno que dice la Biblia acerca de Débora?
 Busque en Jueces 4:4, donde se describe a Débora como profetisa y esposa de Lapidot. Tenía una relación muy especial con Dios, tanto que era profetisa. Esta posición no se hereda
Como era el caso en el sacerdote y el levita. Que nacían para las suyas.
Era Dios en realidad quien daba el don de la profecía, se puede decir que para ser profetisa tenía que tener un llamado especial de parte de Dios.
Solo dos jueces, Débora y Samuel, son mencionados como envestido en el oficio profético.
Israel estaba formado por una sociedad patriarcal, por lo que no nos debe sorprender que aun la líder del pueblo fuera mencionada como la mujer de Lapidot. Aunque Débora desempeño un papel importante en el plan de Dios, no se debía considerar que ese papel estuviera en contradicción con su papel de esposa, no obstante, el buen éxito de Débora como líder ganó un gran respeto a Lapidot, su esposo.
 Débora juzgaba sentada “bajo la palmera de Débora”, donde resolvía las disputas que los Israelitas no habían podido resolver por ellos mismos. Era muy querida y respetad por el pueblo, Débora poseía una gran sabiduría la cual le daba una gran habilidad para la resolución de complicados problemas.
 Podemos decir mucha veces que alguien es sabio por dar buenos consejos y seguir el camino correcto, aunque esto es cierto, Débora poseía una sabiduría divina, que venia de Dios, la cual tiene una mayor dimensión.
La sabiduría que proviene de Dios se caracteriza por ser, primeramente pura, después pacifica, amable, benigna, llena de misericordia, y de buenos frutos, sin incertidumbres ni hipocresías. Esta sabiduría que proviene de Dios fomenta un estilo de vida sano, lo que permite revelar hacia los demás lo que hay en el corazón de Dios.
El libro de proverbios se refiere a la sabiduría como un gran tesoro. Quien busca la sabiduría de Dios esta buscando a Dios mismo, quien es la fuente de toda sabiduría. Débora conocía este secreto por lo que todo sus días buscaba de Díos. Para hallar la verdadera sabiduría hay que conocer a Dios mismo.
 Débora reconocía el liderazgo de Dios, lo que le permitió ser una gran líder, para poder mandar es necesario saber obedecer.
Pero ella podía hacer más que juzgar y profetizar, pues era capaz de animar y estimular a las masas. Ella tenía una personalidad resplandeciente y un espíritu intrépido, tuvo la elocuencia necesaria para levantar a un pueblo que se encontraba desesperado y afligido. Débora dijo “las aldeas quedaron abandonadas en Israel, habían decaído hasta que yo Débora me levante, y me levante como madre de Israel” y no hay duda alguna de que fue eso lo que hizo, porque hubo paz en su tierra durante 40 años.
 Israel estaba sometido bajo un poderoso enemigo y Débora se propuso firmemente una meta, la de libertad y para conseguirlo llamo a su guerrero el general Barac, de Cedes de Neftalí y le dijo que debía de ir luchar como Dios lo había mandado y Él les concedería la victoria, Barac era un hombre de fe débil y solo iría si Débora la acompañaba, ella sin titubear le respondido que iría.
Luego acontece una de las más espectaculares batallas de toda la historia. Muchos respondieron al llamado de Débora y tomaron las armas, aun así, hubo quienes no hicieron caso al llamado por tomar una posición egoísta y siguieron atendiendo sus negocios, a pesar del peligro eminente que enfrentaba la nación de Israel. 
Diez mil hombres procedentes  de las tribus de Neftalí y Zabulón e Isacar. Marcharon a la cumbre del monte Tabor, con Débora ala cabeza para servirles de inspiración y Barac para conducirles a la batalla. Desde ese punto de vista elevado tenían una muy buena panorámica de la parte central de Palestina. Por la planicie de Esdralón descendía el amplió río Cisón, alimentado por mucho debiluchos riachuelos y maniátales que durantes las lluvias del invierno se convertían en pantanos y valles lugares que eran verdaderamente traicioneros.
Vieron al ejército de Sísara con sus novecientos carros de hierro, situados en el valle. Débora contaba con armamento poco eficaz para la ocasión, aun así,  se levantaron como un solo hombre cuando Débora les grito: “Levántate, porque este es el día en que Jehová a entregado a Sísara en tus manos” (Jue 4:14). Dios lucho a favor de Israel, enviando lluvias torrenciales y terremotos que confundieron a Sísara y a sus ejércitos, de manera que sus carros quedaron atascado en el fango y entre la maleza. El río Cisón, cuyas aguas descendían caudalosamente, arrollo a cientos de hombres, mientras los soldados de Barac atacaban con furia y sin menor temor, hasta no quedar ni un solo hombre, aparte de Sísara, que huyo a pie hacia las colinas, donde vivían los ceneos. En el ambiente cordial de la tienda de campaña de Jael y Heber, “le metió la estaca en las sienes y lo enclavo en la tierra, pues el estaba cegado de sueño”, de esa manera murió el poderoso Sísara. El cántico de Débora que ella misma escribió y que cantó con Barac, es de una gran belleza y posee un inmenso poder lírico. En el alababa al fiel guerrero, pero sobre todo, se regocijaba en Dios y le daba toda la honra y toda la gloria por haberles dado el triunfo.

Sigamos el ejemplo de Débora y despertemos para ganar la batalla con Dios nuestro lado.

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